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EL ARTE DE LA ESTRATEGIA

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Las 48 leyes del poder. Ley 30 HAGA QUE SUS LOGROS PAREZCAN NO REQUERIR ESFUERZOS

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Sus actuaciones deberán parecer naturales y de fácil ejecución. Toda la práctica y el esfuerzo que usted invierta en él, así como todas las habilidosas artimañas a las que recurra, deberán permanecer ocultos. Cuando actúe, hágalo como si la tarea que tiene entre manos fuese algo de lo más sencillo, como si pudiese hacer todavía mucho más. Evite la tentación de revelar lo mucho que usted trabaja, pues con ello sólo generará cuestionamientos. No le enseñe a nadie sus trucos especiales, o los usarán contra usted.


Las 48 leyes del poder. Ley 30 HAGA QUE SUS LOGROS PAREZCAN NO REQUERIR ESFUERZOS


En una ocasión, el gran Harry Houdini promovió su presentación con la frase: "Lo imposible hecho posible". Y, en efecto, quienes eran testigos de sus dramáticos "escapes" sentían que lo que Houdini hacía sobre el escenario contradecía el sentido común y los conceptos tradicionales sobre la capacidad humana.

Cierta noche de 1904, un público de 4.000 londinenses colmaba un teatro para ver a Houdini frente a un desafío increíble: escapar de un par de esposas de las que se afirmaba eran las más fuertes fabricadas hasta ese momento. Tenían seis juegos de cerraduras y nueve pestillos cada una. Un fabricante de Birmingham había dedicado cinco años a perfeccionarlas. Los expertos que las habían examinado decían que nunca habían visto algo tan intrincado y que su complejidad haría imposible que alguien se liberara de ellas.

La multitud observó a los expertos asegurar las esposas en las muñecas de Houdini. Luego el artista fue introducido en una caja negra, ubicada sobre el escenario. Los minutos transcurrían. Cuanto más tiempo pasaba, más seguro parecía que aquellas esposas serían las primeras en derrotar al mago. En cierto momento, Houdini salió de la caja y pidió que le quitaran las esposas un instante, para poder sacarse la chaqueta, pues en la caja hacía mucho calor. Quienes le habían planteado el desafío se negaron a acceder a su pedido, sospechando que era una treta para ver cómo funcionaban las cerraduras. Imperturbable, y sin usar las manos, Houdini logró levantar el saco por sobre sus hombros, darlo vuelta, sacar un cortaplumas del bolsillo de su chaleco con sus dientes y, mediante rápidos movimientos de la cabeza, cortar las mangas del saco para liberar los brazos. Una vez que se hubo quitado el saco, volvió a la caja, mientras el público aclamaba a gritos su gracia y su destreza.

Al fin, después de tener al público en vilo durante un buen rato, Houdini emergió de la caja por segunda vez, con las manos libres y alzando en triunfo las esposas. Hasta el día de hoy nadie sabe cómo hizo para liberarse. Aunque demoró casi una hora, en ningún momento se lo vio preocupado ni vacilante; por el contrario, al final del espectáculo la gente tenía la sensación de que había prolongado el escape para incrementar el clima dramático y lograr que el público se preocupara. La queja referente al calor que hacía dentro de la caja también formó parte de su acto. Los espectadores de esta y de otras representaciones de Houdini deben haber sentido que el mago estaba jugando con ellos: parecía decirles que esas esposas no eran nada y que, de haberlo deseado, podría haberse liberado mucho antes, y hasta de ataduras más complejas todavía.



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A lo largo de su carrera, Houdini escapó del esqueleto encadenado de un "monstruo marino" embalsamado (una combinación de pulpo y ballena que había encallado en una playa cercana a Boston); se hizo colocar dentro de un enorme sobre lacrado y cerrado, del cual emergió sin romper el papel; atravesó paredes de ladrillos; se liberó de un chaleco de fuerza mientras se hallaba suspendido en el aire; saltó desde puentes a aguas heladas con las manos esposadas y los pies atados con cadenas; se sumergió en grandes recipientes de vidrio llenos de agua, con las manos atadas, y el público pudo observar, atónito, cómo se liberaba al cabo de una hora de lucha con las ataduras, en apariencia sin respirar durante todo este tiempo. Cada vez parecía que se exponía a una muerte segura, y sin embargo cada vez logró sobrevivir con aplomo sobrehumano. Nunca reveló sus métodos ni dio indicio alguno de cómo lograba sus ingeniosos trucos. Dejaba que su público y los críticos hicieran toda clase de suposiciones, y su renombre y poder aumentaban gracias a todas esas conjeturas acerca de la inexplicable. Quizás el truco más sorprendente de toda su vida fue el de hacer desaparecer en escena un elefante de diez mil libras de peso, ante la atónita mirada del público, hazaña que repitió durante más de diecinueve semanas. Nadie logró explicarse nunca cómo lo lograba, dado que en el lugar donde se realizaba la función, no había espacio alguno donde pudiera ocultarse un elefante.

Los escapes de Houdini, realizados en apariencia sin ningún esfuerzo, indujeron a algunos a pensar que había en juego algún tipo de fuerza oculta, o que sus extraordinarias capacidades psíquicas le conferían un control particular sobre su cuerpo. Pero otro artista del escape, el alemán Kleppini, afirmó conocer el secreto de Houdini: simplemente utilizaba complejas herramientas. Kleppini afirmaba también haber derrotado a Houdini en un desafío de manos esposadas en Holanda.

A Houdini no le importaban todas esas especulaciones que se hacían en torno de sus métodos, pero no toleraba la mentira, de modo que en 1902 desafió a Kleppini a un "duelo de manos esposadas". Kleppini aceptó. Por medio de un espía, consiguió la clave para abrir un par de esposas francesas con cerradura de combinación, como las que solía usar Houdini. Su plan consistía en elegir esas esposas para el acto de liberarse en escena; con ello destronaría definitivamente a Houdini y demostraría que su "genialidad" se limitaba al hábil uso de dispositivos mecánicos.


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La noche del desafío, Houdini, tal como había planeado Kleppini, le ofreció elegir de entre varias esposas; el alemán optó por las que tenían cerradura de combinación. Hasta tuvo la oportunidad de ocultarse con ellas detrás de un biombo, para someterlas a una breve prueba; a los pocos segundos reapareció seguro de su triunfo.

Como si sospechara algún fraude, Houdini se negó a cerrar las esposas de Kleppini. Los dos hombres comenzaron a discutir y a pelearse sobre el escenario. Al cabo de unos minutos, Houdini, evidentemente furioso y frustrado, cedió y cerró las esposas de Kleppini. Durante los minutos siguientes el alemán se esforzó por liberarse. Algo raro sucedía, ya que minutos antes había abierto las esposas detrás del biombo. Ahora, sin embargo, el mismo código no funcionaba. Transpirando profusamente, intentó dar con la clave adecuada. Pasaron horas y el público abandonó la sala. Por último, Kleppini, agotado y humillado, renunció al intento y pidió que lo liberaran.

Las esposas que el propio Kleppini había abierto detrás de la pantalla con la clave "C-L-E-F-S" (en francés, "llaves") ahora sólo se abrían con la clave "F-R-A-U-D" (fraude). Kleppini nunca logró descubrir de qué manera Houdini había logrado aquella insólita hazaña.

No difundas tus habilidades en toda su extensión. El hombre sabio no permite que su conocimiento y sus habilidades sean exploradas en toda su extensión, si desea ser honrado por todos. Permite a los demás conocerlos pero no comprenderlos. Nadie debe conocer la totalidad de sus habilidades, no vaya a ser que se desilusione. Nadie tiene jamás la oportunidad de explorarlo a fondo. Porque las suposiciones y las dudas sobre la dimensión de sus talentos generan más veneración que un conocimiento profundo de éstos, por grandes que sean. Baltasar Gracián

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