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EL ARTE DE LA ESTRATEGIA

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Las 48 leyes del poder. Ley 21 MUÉSTRESE MÁS TONTO QUE SU VÍCTIMA

Estrategias de Occidente > Las 48 leyes del poder. Robert Greene > Las 48 leyes del poder. Robert Greene 13-24


A nadie le gusta sentirse más estúpido que los demás. Por lo tanto, el truco consiste en hacer sentir sagaces e inteligentes a sus víctimas y, sobre todo, más sagaces e inteligentes que usted. Una vez que las haya convencido de esto, nunca sospecharán que usted tiene motivaciones ocultas contra ellos.


Mostrarse mas tonto que su víctima

La sensación de que alguien es más inteligente que nosotros es casi intolerable. En general procuramos justificar esa diferencia de distintas maneras: "Sólo es una persona muy leída, mientras que yo tengo conocimientos reales y concretos". "Sus padres tenían dinero como para darle una buena educación. Si mis padres hubiesen sido ricos, yo no tendría nada que envidiarle..." "No es tan inteligente como cree." Y, por último, el conocido comentario: "Podrá saber mucho más que yo sobre su especialidad, pero, más allá de eso, no es nada inteligente. Hasta Einstein era de inteligencia mediocre cuando actuaba fuera del campo específico de la física".

En vista de lo importante que es la idea de ser inteligente para la vanidad de la mayoría de la gente, resulta fundamental no insultar nunca inadvertidamente o impugnar la capacidad intelec-tual de una persona. Esto constituye un pecado imperdonable. Pero si usted logra sacarle provecho, esta regla de oro le abrirá todo tipo de caminos hacia el engaño. Asegure a los demás, de manera subliminal, que son más inteligentes que usted, o muéstrese algo corto de entendederas, y podrá manejarlos a su antojo. La sensación de superioridad intelectual que usted les brinda desactivará por completo su desconfianza y les impedirá sospechar de usted.

En 1865, el canciller de Prusia, Otto von Bismarck, quería que Austria firmara un tratado que favorecía, en todos sus aspectos, los intereses de Prusia, contra los intereses austríacos. Bismarck tendría que hacer gala de una sutil estrategia para lograr que los austríacos accedieran a firmarlo. El negociador austríaco, el conde Blome, era un ávido jugador de naipes; su juego preferido era el quinze, y a menudo decía que era capaz de juzgar el carácter de un hombre por la forma en que jugaba al quinze. Bismarck sabía de esas expresiones de Blome.

La noche anterior al comienzo de las negociaciones, Bismarck, con aire inocente, propuso a Blome jugar una partida de quinze. Tiempo después, Bismarck escribiría lo siguiente al respecto: "Aquélla fue la última vez en mi vida que jugué al quinze. Jugué con tanta audacia que todos quedaron pasmados. Perdí varios miles de talerios [la moneda de la época] pero logré engañarlo [a Blome] y me consideró mucho más temerario de lo que soy y de lo que demostraba". Además de parecer audaz e imprudente, Bismarck se hizo el tonto, diciendo cosas ridículas y pasando por atolondrado.


Mostrarse mas tonto que su víctima. Otto Von Bismarck

Todo aquello hizo que Blome considerara haber reunido valiosa información sobre su adversario. Sabía que Bismarck era un hombre agresivo; el prusiano siempre tuvo esa reputación, y la forma en que jugó se lo había confirmado. Blome sabía, además, que un hombre agresivo puede actuar en forma precipitada y cometer errores. Por lo tanto, cuando llegó el momento de firmar el tratado, Blome estaba convencido de correr con ventaja. Consideró que un sujeto incauto y atolondrado como Bismarck seria incapaz de cualquier argucia fría y calculadora, de modo que sólo echó una mirada superficial al tratado antes de firmarlo... sin reparar en la "letra chica". En cuanto la tinta se hubo secado, Bismarck exclamó triunfante: "iBien! iNunca hubiese creído que encontraría a un diplomático austríaco dispuesto a firmar semejante documento!".

Los chinos suelen decir: "Disfrázate de cerdo para matar al tigre". Este dicho hace referencia a una antigua técnica de caza, según la cual el cazador se viste con la piel y la trompa de un cerdo e imita el gruñido de ese animal. El poderoso tigre piensa que lo que viene hacia él es un cerdo y le permite acercarse, saboreando por anticipado la perspectiva de cazar una presa tan fácil. Pero el que termina riendo último es el cazador.

Disfrazarse de cerdo permite obtener milagros de quienes, como los tigres, son arrogantes y en exceso confiados: cuanto más fácil presa lo crean, tanto más fácil le resultará a usted revertir la situación. Esta estrategia también es útil si usted es ambicioso pero se encuentra en una posición jerárquica baja: parecer menos inteligente de lo que es, y hasta, mostrarse un poco tonto, constituye el disfraz perfecto. Mantenga la apariencia de un cerdo inofensivo, y nadie creerá que usted alberga ambiciones peligrosas. Incluso podrán llegar a promoverlo, gracias a que se le ve tan sumiso.

Sepa cómo utilizar la estupidez; hasta el hombre más sabio juega esta carta en algún momento de su vida. Hay circunstancias en las que la máxima sabiduría consiste en parecer ignorante; no es que deba ser ignorante, sino tener la capacidad de fingir ignorancia. De nada sirve ser sabio entre los tontos y cuerdo entre los lunáticos. Quien se muestra como un necio no lo es. La mejor forma de ser bien recibido por todos es envolverse en la piel de los más tontos y torpes. Baltasar Gracián

El Arte de la Guerra y la Estrategia


Estrategias desde la antigüedad hasta el presente explicadas de forma sencilla.

- Cómo vencer sin luchar.
- Estrategas y estratagemas.


Este libro sobre el arte de la guerra y la estrategia le va a ser muy útil porque trata sobre la lucha y el conflicto. Puesto que a lo largo de nuestra existencia
todos entramos en pugna con otras personas, es bueno conocer la estrategia para resolverlos. La estrategia preferible de hacerlo es la negociación, pero no siempre funciona.

Si elige participar en un conflicto, lo mejor es ganar cuanto antes con el mínimo daño propio y a ser posible, del adversario.

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Nunca discutas con un tonto. Leonardo Ferrari

Quien presencie la discusión podría confundirte con él


Todos somos estúpidos de vez en cuando (generalmente más veces de las que creemos) y además tratamos con gente que hace estupideces.

Además, es justo reconocer que quienes parecían tontos en realidad nos hicieron quedar a nosotros como tales.

Por este motivo Leonardo Ferrari escribe este libro, para intentar detectar la estupidez propia y la ajena, evitando disgustos y aprovechando las ocasiones que nos brinda la sociedad que nos regala el estar rodeados de necios.

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